La razón del totalitarismo se vuelve absurda cuando se la imagina al extremo. La eliminación de lo otro, lo imperfecto, lo feo, lo malo, lo distinto supone en sí mismo la eliminación de lo que se pretende conservar. El ser de cada uno de los valores sólo se manifiesta en oposición, en una relación dialéctica con su no ser. Por lo tanto el motor del fachismo lleva en sí mismo una contradicción. Contradicción que es tal cuando lo que mueve, impulsa el espíritu, es la conservación de su ser como tal. En este sentido lo peor que le puede pasar a un fachista es que su voluntad se haga realidad. La conciencia de que la eliminación de lo otro es la muerte a su vez de lo uno, debería por sí mismo anular el impulso. Pero cuando el motor ya está en marcha y no puede sobreponerse a la fuerza del otro, la conservación puede ser y la conciencia, la peor de las torturas.
viernes, 8 de agosto de 2008
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