martes, 3 de septiembre de 2013

Maturana

La antropología como ciencia que estudia o intenta estudiar eso que en cada caso es el hombre, no tiene otra cosa que hacer más que desintegrarse, rendirse y aprender (si es capaz de ello) ante la obra del Barba Castilla y el Cuchi Leguizamón.



Acá hay trabajo de campo entendido como vivencia, como un mero estar con el otro, para captar, no como meta pre-establecida sino como consecuencia imprevista, eso que en este caso expresa un hombre americano como Maturana. La representación de eso que los conmueve llega a dar cuenta por medio del arte, en este caso la música, la relación profunda que existe en América entre el hombre y su tierra. El árbol y el carbón, el vino y la embriaguez, se integran en un universo simbólico de una manera tal que se hace imposible representarlos de forma conceptual, puesto que terminaríamos por dejar afuera de la representación del fenómeno aquello que es precisamente lo más importante, porque opera en un plano previo a la conceptualización y como condición de posibilidad de la misma.



El que canta es Maturana
chileno de nacimiento
Anda rodando la tierra
con toda su tierra adentro

Andando por esos montes
en Salta se ha vuelto hachero
Si va a voltear un quebracho
su sangre llora primero

Chilenito, ay, desterrado
en el vino que lo duerme
dormido llora su pago.

Qué será de este hacherito,
de ése que no ha sido nada
Lo irán cantando los vinos
que ese chileno tomaba

Tal vez el carbón se acuerde
del hombre que lo quemaba
Y que en el humo iba al cielo
machadito Maturana.

Chilenito, ay, desterrado
en el vino que lo duerme
dormido llora su pago.


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